América Latina necesita adaptarse al cambio de marcha del comercio global

Según la última edición del Monitor de Comercio e Integración del BID, las exportaciones de mercancías de América Latina declinaron a tasas anualizadas de 14,8% en 2015 y de 8,5% en los primeros siete meses de 2016. A su vez las de servicios se contrajeron por primera vez desde la crisis financiera (-2,4% en 2015). Tras dos años de caída, la fase de contracción ya es más prolongada que aquella observada durante el colapso comercial de 2009.

El caso latinoamericano presenta características específicas que han pasado desapercibidas en el debate actual sobre la desaceleración comercial global. El Monitor 2016 provee una perspectiva inédita sobre el tema, enfatizando que las políticas de inserción internacional de la región necesitan urgentemente un giro radical para adaptarse al cambio de marcha de la globalización.

Tormenta perfecta

En la recaída de las exportaciones de la región, que se caracterizaron por un ajuste mayor al del promedio mundial, confluyeron dos factores específicos: un histórico shock de los términos de
intercambio y la recesión regional más severa de las últimas décadas.

El factor dominante ha sido la reducción de los precios de los bienes exportados, principalmente los productos primarios y el petróleo. Si bien la caída de los precios de los bienes básicos se ha atenuado en los primeros trimestres del 2016, los términos de intercambio de la región ya han regresado al nivel de 2004, obliterando el efecto expansivo del denominado “superciclo de los commodities”.

Aparece también un preocupante estancamiento de las cantidades exportadas. En esta tendencia pesan la sustancial desaceleración de la demanda de China asociada a la transición hacia un modelo de desarrollo con menor énfasis en las inversiones y el inestable patrón de crecimiento de los Estados Unidos, ambos progresivamente menos intensivos en importaciones latinoamericanas.

Con estas transformaciones globales en el telón de fondo la recesión de Brasil ha sido el detonante. En 2015 las exportaciones intrarregionales se desplomaron más que el promedio (19,1%), arrastradas por aquellas dirigidas a Brasil que colapsaron (-26,1%). Los efectos han sido particularmente severos para países como Argentina, Bolivia o Chile, pero se repercutieron en toda la región hasta México.

Cambio de marcha

La intensidad y la duración de la recaída indican que el sistema comercial global parece caracterizarse por una nueva normalidad de bajo crecimiento. Por su parte el análisis inédito del desempeño comercial de largo plazo de la región, detallado en el Monitor de Comercio e Integración 2016, indica la presencia de nuevos y viejos desafíos, una región crecientemente dual para encararlos, y un impostergable sentido de urgencia.

En el corto plazo, la configuración de los tipos de cambios bilaterales no favorece el crecimiento de las exportaciones por medio del canal intrarregional, particularmente en América del Sur. Se delinean por tanto incentivos adversos para la diversificación, ya que es en el comercio intrarregional donde se da la mayor participación de manufacturas.

En cambio, en México y Centroamérica – que a diferencia del resto de la región se han posicionado de manera competitiva en las exportaciones de manufacturas extra-regionales – el reto será preservar los fundamentos de la competitividad, más allá de las variables cambiarias que parecen no tener un impacto significativo sobre el desempeño comercial.

Lejos de constituir un llamado a la intervención en los mercados de divisas con el fin de alterar artificialmente los flujos comerciales, se pretende más bien resaltar el impacto del previsible aumento de la volatilidad cambiaria. En particular, será oportuno evitar ceder a tentaciones proteccionistas orientadas a salvaguardar de manera ineficiente la competitividad de los sectores expuestos a la competencia externa.

El agotamiento del superciclo de los commodities evidencia la dualidad de la región en términos de especialización comercial y la vulnerabilidad de la concentración en productos básicos y derivados, acentuada además por el documentado repliegue de ciertas economías hacia los segmentos de menor valor agregado de las cadenas productivas.

Se deriva por tanto la necesidad de acelerar la agenda de negociaciones comerciales internacionales en los países que aún no disponen de una red de acuerdos suficientemente articulada y profunda. Por otra parte, en aquellos que necesitan preservar y ampliar sus márgenes de preferencia será fundamental adoptar urgentemente medidas complementarias de aprovechamiento y facilitación comercial.

En todos los casos, será necesario considerar que el contexto externo de los próximos años será más desafiante que en las últimas dos décadas, no solamente por los factores económicos analizados en el informe, sino también por el ambiente político crecientemente escéptico sobre la apertura de los mercados, en particular en los países desarrollados.

Estos son solo algunos de los elementos que debe priorizar una ambiciosa agenda de políticas que haga frente a los elementos adversos en el contexto externo enfrentado por América Latina y el Caribe. Pero es evidente que para adaptarse al cambio de marcha de la globalización la región requiere urgentemente una alta dosis de voluntad política e instrumentos eficaces y eficientes capaces de acompañar el sector privado en un rápido e incisivo proceso de internacionalización.

Agradecimiento: Banco Interamericano De Desarrollo 2017

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