En perspectiva: El derecho al olvido ha muerto. Lo mató la IA | Investigación Especial
Durante años, confiamos en el amparo legal del “derecho al olvido” digital como el salvavidas definitivo tras un procedimiento judicial o una crisis mediática. La esperanza corporativa era que, desindexando enlaces en los motores de búsqueda tradicionales o aplicando sentencias favorables, el pasado empresarial terminara por diluirse en las catacumbas de internet.
Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial generativa y los grandes modelos de lenguaje (LLM) ha dinamitado esta frágil seguridad jurídica. Y digo frágil, porque vivimos en un mundo hiperconectado, donde creemos tener las cosas bajo control. Lejos de ser así, los algoritmos actuales nos demuestran lo contrario porque, como sabemos, no se limitan a indexar páginas web de forma estática, sino que entrenan, procesan, sintetizan y recuerdan de manera permanente. Frente a la IA, el pasado reputacional o judicial de una compañía no desaparece. Se transforma en un parámetro latente, listo para que una IA conversacional lo active y contextualice en cualquier momento ante la simple consulta de un cliente, un inversor o un regulador, como ya analicé aquí.
Esta mutación en las reglas del juego transforma radicalmente nuestra concepción de la comunicación de crisis y nos obliga a replantear un concepto clave del que llevamos hablando, y es la resiliencia.
Precisamente este fue el eje central que debatimos hace unos días en el Annual Crisis Governance Meeting, un encuentro anual promovido por la Universidad de Amberes (Bélgica), donde expertos en crisis nos reunimos para intercambiar conocimientos. Como profesional dedicada a la comunicación de crisis, el tema de la resiliencia es una materia transversal que ocupa mi carrera desde que asumí la jefatura de prensa del SUMMA 112 en 2007. Constato a diario la necesidad de actualizar este término.
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